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Entre Tongoy y Los Vilos

Siempre la vida nos da oportunidades, pero a veces estas nos deparan sorpresas y desafíos que nos llevan fuera de nuestra área de confort.

Hace un par de meses atrás, Daniel me comenta de la posibilidad de ir a hacer unas clases de buceo «para el norte», que no sabe cuando ni dónde, pero tendríamos que llevar todo, y me pregunta si me interesa el tema. Esto despierta ese espíritu de explorador que tengo y mi respuesta es inmediata, quizás hasta un poco impulsiva ¡Por supuesto que me interesa!

Pasaron varias semanas hasta que un día, nuevamente Daniel me llama y me dice: «Vamos a una caleta, entre Tongoy y Los Vilos, a hacer clases de buceo a pescadores, debemos llevar todo, incluso carpa y saco de dormir. No sabemos que vamos a encontrar». Carpa y saco de dormir … de lo primero, ya ni recuerdo cuándo fue la última vez que armé mi carpa para acampar, el saco, debe estar por ahí. Este sólo hecho activó el «modo excursionista», grata consecuencia de mi época como montañista, por lo que en breve, estaba buscando mi ya viejo, pero aún operativo, equipo de campamento, haciendo listas de chequeo y encargándome de la alimentación, agua y combustible, además del equipo de buceo.

Mientras tanto, Daniel, ayudado por Paula, preparaba el material para exponer a los alumnos, llevando copias en papel por si no había fuente de energía eléctrica en el sector. Sin duda una labor agotadora. Luego de un par de días, coordinaciones finales para juntarnos en la carretera, para así ir en dos vehículos y tener redundancia en caso de problemas. Hora de salida, Daniel a las 01:30 de la mañana desde Concón, porque va con la camioneta y el carro de arrastre con equipo, y yo me podré ir un poco más tarde a las 03:30 desde Santiago. Arreglo las últimas cosas y a dormir

IMG-20160801-WA0000Biiip, biiip, biiip suena la alarma, hora de levantarse, siento que he dormido poco y medio inconsciente parto a la ducha, vestirse y desayunar … a las 3 de la mañana … qué tiempo que no hacía eso. Ya en la carretera, todo oscuro, poco tráfico comparado con el día, pero de todas formas me sorprende la cantidad de vehículos. Mientras salgo de Santiago y tomo rumbo al Norte, durante el camino repaso mentalmente la lista de lo que llevo, buscando no haber olvidado algo, mientras los km pasan, y poco a poco la luz del alba comienza a hacerse presente. Los distintos pueblos y localidades de este camino que casi conozco de memoria se suceden uno tras otro. Nueva llamada, mala señal en el teléfono, Daniel me dice que me está esperando en la orilla de la carretera, donde se supone es el punto de entrada al camino que nos llevará a la caleta de pescadores, pero que no hay un cartel que la indique.

Luego de varias horas de viaje, nos reunimos con Daniel. Al bajar la ventana del auto, noto el frío de la mañana, además de viento, que será compañía permanente durante el tiempo que estemos por la zona. Saludos, fotos y bromas de rigor, y me dice que la persona de contacto de la empresa que nos contrata, llegará en una hora y media más … ¿Qué? ¿Una hora y media más?, bueno, tiempo suficiente para poder ir a la estación de servicio más próxima, a unos kilómetros, a cargar combustible y volver holgado de tiempo. Nada peor que llegar atrasado y en estas condiciones, quedarse sin combustible en caso de emergencia.IMG-20160801-WA0011

Luego de varias coordinaciones por teléfono, nos juntamos con la persona de contacto de la empresa, y finalmente, emprendemos el camino a nuestro destino final. El camino, de tierra, vía secundaria y en algunos momentos con clara tendencia a ser una huella más que un camino, nos entrega un paisaje impresionante, de una belleza y explosión de vida que me hace olvidar, por un momento, que aún estamos en invierno. Curvas, subidas y bajadas, nuestra pequeña caravana avanza hasta encontrarnos finalmente con el océano a la vista, ya estamos cerca. El paisaje, espectacular. El teléfono sin señal casi al dejar la carretera, nos hace sentir alejados de lo que consideramos civilización, como si estuviésemos en una isla. El caserío se ve pequeño, pero limpio y bien organizado, un agrado estar ahí. Una vez en la caleta, nos presentan a los dirigentes de los pescadores, y luego de los saludos y presentaciones correspondientes nos instalamos en la sede de la comunidad y tenemos energía eléctrica!

Rápidamente preparamos el material para presentar. Las estimaciones iniciales eran de unos 10 asistentes, pero de a poco, la sede se llena, superando las 40 personas. Muchos de ellos son muchachos jóvenes que quieren obtener su licencia de asistente de buzo o la de buzo mariscador, otros en cambio, ya son buzos con su licencia, pero vienen a refrescar sus conocimientos y hasta cierto punto, la curiosidad de ver qué hacen estos «extranjeros». Cerca del medio día hacemos un alto para almorzar algo rápido mientras ordenamos el material, generamos nuevas copias y preparamos la sesión de la tarde. Nuestros alumnos van a sus casas a almorzar.

Ya finalizando la tarde, Daniel da por terminada su exposición, y nos queda un rato más de luz antes de que caiga la noche, ya que tenemos que armar nuestro campamento. Sin embargo, no alcanzamos ni siquiera a empezar a ver la ubicación de éste cuando uno de los dirigentes de los pescadores, nos ofrece que nos instalemos en una casa en construcción que tenía. Sorprendidos y agradecidos, aceptamos la oferta y nos instalamos a dos cuadras de la sede en una casa que ya está casi terminada. Tenemos comodidades que dado el escenario que esperábamos, son un lujo, como techo, piso de cerámica, electricidad, una mesa, sillas, agua y un baño ¿Qué más se puede pedir? ¿Señal del teléfono? No gracias, estar así sin señal es otro lujo. Preparamos una cena en las cocinillas y nos vamos a dormir. Sacos de dormir en el suelo, pero nada que una colchoneta de campamento y el cansancio de una larga jornada nos impida conciliar el sueño rápidamente.

IMG_0541Los días siguientes son agotadores, Daniel en clases y seminario para los que quieren dar examen de asistente de buzo, buzo mariscador y el resto de los pescadores, y yo haciendo clases en el agua a los buzos. Nuestra zona de confort se quedó en la carretera, fuimos prácticamente extirpados. La realidad sociocultural de nuestra audiencia nos obliga a esforzarnos el doble o el triple para poder enseñarles a nuestros alumnos conceptos que en otros cursos de buceo, son parte de la base sobre la cual partimos. Aquí se pone a prueba, quizás como en ninguna otra parte, nuestra habilidad como instructores para guiar a nuestros alumnos en el proceso de aprendizaje.

Esto nos deja agotados al final de cada jornada, pero al mismo tiempo, nos ha permitido aprender mucho, tanto o más que nuestros propios alumnos, lo que de alguna forma nos hace sentir que todo aquello que les entregamos, nos ha sido devuelto, pero en forma amplificada. Una experiencia enriquecedora en todos los aspectos.

IMG_1010Pasan los días y el curso avanza, disfrutando los buenos momentos, y superando aquellos que no lo son tanto. El vínculo instructor alumno crece y nos sentimos incorporados a esa comunidad de pescadores. De alguna forma pasamos a ser otro isleño más, al menos por esos días. Las condiciones de mar no han estado del todo óptimas. Durante dos días la gente de la caleta no ha podido zarpar a sus labores de extracción, lo que ha favorecido las audiencias, pero también nos ha entregado un mar movido y aguas muy frías, pero instructores y alumnos, como equipo, hemos seguido adelante. Los días siguientes, las condiciones han mejorado un poco, aún cuando el frío se siente igual, al menos ya no hay las fuertes ráfagas de viento del día anterior.

En los tiempos que no hay clases, la camaradería y la conversación surgen espontáneas. Pequeñas grandes historias de viajes, de exploración, de vida. Historias que de un momento a otro pasan de como un cerro parece moverse por la cantidad de conejos que hay en el lugar, a que los conejos mueven los cerros, y donde las carcajadas explotan espontáneamente. Cada uno cuenta parte de sus experiencias, el ambiente es distendido, la risa y las bromas parecen no detenerse, ya sea en torno a una mesa o alrededor de una parrilla.

Ya estamos en el último día, y no nos hemos dado cuenta como la semana ha pasado. Ensayo general de lo que tendrán que hacer nuestros amigos pescadores cuando vayan a dar sus exámenes donde la autoridad marítima. Primero las pruebas físicas en agua fría de nado, buceo y apneas, pero con gran entusiasmo. Luego la última clase de tablas, perfiles de buceo, quizás la materia más complicada para todo buzo independiente si eres pescador o no. Despedidas, agradecimientos mutuos y el retorno a casa, a la «civilización» sólo por tener señal del teléfono móvil, no sin antes contemplar por última vez la belleza del lugar, del afecto de su gente, de la oportunidad de volver a las cosas simples, en un día de invierno soleado.

El largo camino a casa se disfruta por la satisfacción del trabajo realizado, pero más, por las experiencias vividas, por el compartir con gente que vive a otro ritmo que «los de la ciudad», en una especie de aislamiento, a pesar de estar tan cerca, pero que genera una valorización distinta de las cosas, de las prioridades, de la vida misma. Una experiencia enriquecedora desde todo punto de vista, de aquellas que te hacen valorar lo afortunado que has sido y que eres, y que te permiten volver a apreciar lo simple de la vida.

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Texto por Francisco Inzunza P.
Imágenes por Daniel Malfanti B. y Francisco Inzunza P.

 

Francisco Inzunza